12 ago 2010

Sobre "algo"...

Cuando estaba en la secundaria, un día tuve ganas de perforarme la nariz.
Al llegar de la escuela tomé una aguja y me perforé en mi cuarto, no recuerdo que tanto dolió, pero me lloraron demasiado los ojos. Sobreviví unos meses con la perforación, luego Gera (papá) se dio cuenta y tuve que quitármela :(


Cuando estaba en el bachi tuve ganas de perforarme la lengua. Un día, fui con Karen a un lugar donde había un tipo que perforaba a menores y no dolió tanto como pensé. Luego de unos meses Gera se dio cuenta y tuve que quitármela .Y lo mismo pasó con otras perforaciones (labio y septum) que un día me dieron ganas de hacer. Luego llegaron los dos tragus y por esas no me dijeron nada (:

Con la de los pezones fue diferente. Un día platicaba con mamá y salió el tema de las perforaciones, recordé lo que sentía cuando la aguja atravesaba algún cacho de Ara, (: riquísimo, entonces, así de repente se me antojo perforarme los pezones, obviamente no le dije a mamá.
Un día (ya era mayor y así) saliendo de la escuela Nancy me acompañó a un lugar de esos donde perforan. Pasé sola al cuarto donde tenían los materiales, recuerdo que me sentía algo nerviosa (y emocionada) porque había leído que en la escala de dolor del 1 al 10, las perfos en los pezones duelen un 10 D: y así fue, creo que más bien fue un 11. Como sea, valió la pena…



Punto y aparte.




Cuando entré a la secu, tuve ganas de que llegara mi primer periodo. Me sentía extraña de que todas mis amigas menstruaran y yo no haha, pero no llegó hasta el año siguiente. En fin, me sentía rara pero contenta.
Desde entonces no había tenido ningún problema con Andrés (el que llega cada mes), siempre fue puntual y se iba pronto 8) como sea, no entraré en más detalles sobre eso haha…

Bueno sólo un poco más.

Un día (ya de “grande”), checando el calendario, me di cuenta de que había meses en los que Andrés había tardado en llegar o se adelantaba, el punto es que se me hizo raro y decidí ir con un ginecólogo, preferí no decirle a mis papás pues de lo contrario se pondrían paranoicos y no me dejarían en paz con su interrogatorio. Rompí mi cochinito para la consulta.


Ese día, me acompañó mi mejor amigo, él espero afuera cuando me tocó pasar. Estábamos en una clínica que se veía decente, y antes de entrar pensé que sería cómoda la consulta pues era ginecólogA la que me atendería… ¿Desde qué edad menstruas?, ¿Cuánto tiempo dura tu periodo?, ¿Vida sexual activa? ¿A qué edad iniciaste?, ¿Usas protección?, ¿Qué usas?, ¿Hay antecedentes de cáncer en tu familia?, ¿Fumas?... fueron algunas preguntas que hizo después de presentarse y tomar otros datos míos… -Vaya al baño, quítese la ropa y se pone esta bata por favor-, llegó la parte más difícil del protocolo, pensé.
Me sentía incómoda, y no por el hecho de que ella estuviera a punto de ver algo que en otra situación no me daría pena o incomodidad mostrar, es que había algo en ella que no me daba la suficiente confianza.



Revisó primero mis senos (para ese entonces ya traía piercings) y mostró un gesto de desagrado diciendo: - Creo que puede haber algún desorden hormonal, pues sale una secreción del pezón izquierdo, aunque también podría ser alguna reacción al material, tendrá que quitárselos- ¡No! Es normal, eso me ha pasado con las otras perforaciones, es sólo parte del proceso de cicatrización, pensé mientras hablaba. Preferí callar pues se supone que ella es la que sabe, pensaba mientras seguía revisando.

Me hizo una sonografía, no sé para qué, no pregunté. Ella es la que sabe, pensé.


Comenzó a revisar "algo" en mi entre pierna y dijo que también sería necesario hacerme un Papanicolaou, “bueno, de hace tiempo quería hacerme uno y es necesario, adelante”, pensé mientras tomaba una muestra que me causó un poco de dolor y me hizo sentir más incómoda. Luego dijo que sería necesario hacer otra prueba para noséquecua, utilizó palabras extrañas que casi no entendí,  y yo sólo decía que sí, pues ella es la que sabe, pensaba.


Después de vestirme, dijo que podría tener cáncer y posiblemente otra enfermedad pues había visto “algo extraño” en la revisión, dijo también que necesitaba hacer un par de cirugías que me ayudarían y que tenían un costo de 2,900 pesos. En esos momentos sólo se venía a mi mente la palabra c á n c e r, la veía en mayúsculas y letras grandes pasar una y otra vez delante de mí, sentí las letras tocar mi rostro y lastimar mis ojos, sentí que se desmoronaba el mundo. Quería llorar pero no delante de la doctora.
Salí del consultorio y Edgar me miró con una sonrisa extraña, creo que quiso decir en forma de broma: “’¿Qué tal la revisión?, ¿te gustó verdad? :P”, habíamos bromeado sobre eso momentos antes de la consulta, yo no pude devolver la sonrisa y me acerqué a pagar, tuve que pedirle dinero prestado a Edgar pues con tantas pruebas que se tuvieron que hacer, la consulta resultó más cara de lo que pensé, sin embargo valía la pena el gasto, "pues ella es la que sabe y todo sea por la salud", pensaba.


Al salir de la clínica (o lo que fuera) no pude contener el llanto y Edgar sólo me abrazó preguntando “¿Qué pasa?”. No podía ni quería hablar, sentía aún aquella palabra golpear mi rostro. Tan feo que sentí.
Fuimos a un parque cercano donde comencé a contarle a Edgar lo sucedido entre lágrimas y bocanadas de humo de cigarro, al terminar de hablar su llanto se unió al mío y nos abrazamos, al sentir su abrazo pensé que tal vez no podría ser cierto, la doctora nunca dijo que era un hecho 100% seguro su diagnóstico y que había que esperar resultados. Sentí que había una “esperanza” y luego pensé en lo boba que debí verme por llorar por algo que no es seguro, sin embargo no podía dejar de hacerlo.
En el camino a casa sólo pensaba en lo difícil que sería el decirle a mis papás que necesitaba casi 6,000 pesos por que su hija tal vez tenía una enfermedad fea de transmisión sexual (o algo así) y cáncer.
Al llegar estaba Gera en la sala viendo tv, me acerqué y comencé a contarle todo, él no decía nada. Observó el piso con una mirada de tristeza y decepción a la vez. –Pues mañana sacó el dinero y vamos para que te hagan lo que sea necesario- dijo en un tono tan tranquilo que me hizo sentir escalofríos, no dijo más y al igual que él me quedé en silencio. Sentí vergüenza. Por primera vez en mucho tiempo hice sentir mal a papá, lo supe por el hecho de que esa vez no hubo regaños, ni gritos o preguntas. Fue tan extraño, feo y extraño.



Subí a mi cuarto y lloré como hace tanto no lo hacía, abracé la almohada como nunca mientras pensaba en un "nada", sólo tenía miedo. Después de un rato, me paré frente al espejo, levanté mi blusa, bajé el sostén… y con todo el dolor del mundo (no físico) quité los Piercings que la gine me había recomendado que quitara. Bueno no es algo que quisiera hacer, pero ella es la que sabe y será lo mejor, pensé.


A la mañana siguiente mamá ya estaba enterada de mi visita con la ginecólogA, y como era de esperarse tuve una laaarga plática con mis papás sobre lo que pasaría si el Papanicolaou resultaba con malas noticias. En fin, se portaron tranquilos y fue extraño no recibir un sermón o algo así. Mencionaron también que sería necesario ir con otro doctor para una “segunda opinión”. Así que fuimos con un ginecólogO ese mismo día.


Fui con mi papá y de nuevo entré sola a consulta, tenía miedo de escuchar de nuevo aquellas palabras que mencionó la gine. En cuanto entré el doctor me recibió diciendo -quite esa cara de susto que no se va a morir-, me causó gracia pero igual no pude cambiar mi gesto. Luego se presentó y comenzó a hacer preguntas… Luego revisión, luego noticia feliz: -Pues no veo nada de lo que te dijeron que tenías, de todas formas haremos análisis para estar seguros- ¡¿Qué!? En cuanto escuché esas palabras (aunque no aseguraban que tenía perfecta salud) me dieron ganas de matar a la ginecólogA por haberme obligado a contarle a mis padres sobre mi vida sexual y sus dramas para conseguir el dinero de unas cirugías que tal vez podrían dejarme estéril, por haberme obligado a gastar bastante dinero en exámenes sin razón, y por mis Piercings. Malditos Piercings que tanto amaba (L) :(


Después llegaron resultados, oh bonitísimos resultados que hicieron que valieran la pena unos días de tanta ansiedad (negativo para células neoplásicas, entre otras cosas coquetas con nombres raros que no recuerdo), como sea, todo bien, blah blah blah quéti…:)


Ahora que todo (bueno, respecto a ese "Algo") anda bien, Gera no deja de reprocharme el no haberle contado desde un principio “mi inquietud respecto a Andrés”, y cada que salgo, no falta el sermón de mamá sobre “educación sexual” y esas cosas, ¡Ha-Ha!

Bah, yo sólo extraño mis dos pequeñas argollas y la sensación de tener aquella palabra frente a mí… imaginar que tal vez podría morir en menos de lo que pensaba me hizo sentir más viva. Por un momento sentí toda la fuerza de voluntad del mundo para ser alguien que no fuma, alguien que hace deporte, come bien. Tú sabes, ese tipo de “alguien”. Sin embargo después de aquello me di cuenta de que hace falta que se acabe el mundo para que en verdad todos los seres humanos cuidemos de él.

Hoy sólo soy.


1 comentario:

Óreon dijo...

Muy cierto lo último...

Mmm... Que desgraciada ginecóloga ò_ó será que como te vió peque y que ibas sola se le hizo fácil. Pero con esas cosas no se juega. O igual y era para asustarte, si desde el principio se notó que desaprobó los piercings quizá simplemente te quería fastidiar =_= me alegra que no fuera nada. Aunque igual nadie te puede quitar lo que sentiste... Bueno... A veces pensar que puedes morir en cualquier momento te ayuda a pensar y ordenar tus prioridades, aunque cuando te dicen que no es así regresas sin querer a lo de antes. Pero bueno, creo que es... Algo así como un rasgo distintivo de los seres humanos

Cuídese Ara, espero que si se encuentra a esa gine le de una bofetada mental :)