2 nov 2010

Hasta luego.

Hola, hoy quiero platicarles de un amigo. Hoy (aprovechando que es día de muertos y uno se pone melancólico) quiero contarles de uno de mis amores de secundaria que nunca olvidaré.

Bueno, como ya se habrán dado cuenta, desde hace tiempo me gusta escribir una que otra piña aventura fantoche, aún recuerdo cómo empezó toda esa onda del “complejo de escritora”… iba en primer grado de secundaria, y la maestra de español nos encargó un cuento sobre cualquier cosa, dijo que era para un concurso y que al que participara le iba a subir puntitos, entonces como en esa época yo era una matada de shit, no desaproveché la oportunidad y bueno, escribí un cuentillo. Mi intención nunca fue ganar sin embargo así fue, el caso es que terminé viajando a Parral (un pueblillo donde hacen unos dulces bien buenos) para seguir participando en la otra etapa, el caso es que no sólo iba yo rumbo a parral, si no otro tipo raro que concursaría en matemáticas, (íbamos con una maestra y sus hijos) el viaje fue cómodo y tranquilo, tranquilo más que nada, en el camino todos dormían menos la maestra porque iba manejando, y yo porque estaba nerviosa no sé por qué.
La estancia que tuvimos en parral también fue cómoda y tranquila, aunque un poco aburrida pues no había nadie con quién hablar más que el niño que concursaba en matemáticas y me daba miedo pues tenía una mirada de enojón, en fin. Después del concurso (en el cual no tuvimos ningún lugar chido) tuvimos que regresar a casa y en el camino el niño matemáticas comenzó a sacarme plática… después de ese día nos hicimos grandes amigos.
Como él iba a clases en la tarde y yo en la mañana, le dejaba cartitas con un profesor que teníamos en común y el profesor me entregaba las cartas que él me enviaba, a veces me quedaba un rato en la salida para charlar unos minutos con Pepe (así se llamaba, bueno, José B:), me encantaba charlar con él pues siempre se reía de las tonterías que decía, recuerdo una vez que me corté el cabello muy cortito y Pepe no dejaba de burlarse de mí, decía que parecía “Chiquidrácula”! como sea, no me molestó pues de cualquier forma yo sabía que mi cabello no era extremadamente corto y de cualquier forma lo hacía reír y sentía bonito cuando eso pasaba. Después de unos meses de conocernos de pronto comencé a imaginar como seríamos de “grandes”, ¿qué sucedería con nuestra amistad?... después de que termináramos la secundaria ¿nos seguiríamos viendo y hablando igual?, ¿quién me explicaría matemáticas y me haría reír con sus chistes malos?, me dio miedo dejar de hablarle. Luego comencé con ideas locas de Pepe y yo en una boda, nos imaginaba caminando al altar y con una linda casa, tú sabes… de esas veces que observas toda una vida con alguien a quien quieres mucho. De verdad lo quería mucho.
Recuerdo un “día del estudiante”, cuando nos llevaron a un balneario y yo iba dispuesta a declararle mi amor… estábamos sentados en una alberca pequeña, casi no había gente y pues decidí que ese era el momento… comenzamos a platicar en la “F” (siempre hacíamos eso) y le dije entonces que tenía algo que decirle… -“Me-fe gu-fus-ta-fas”- y antes de que Pepe volteara hacia mí, yo estaba corriendo hacia el rincón que se encontraba más lejos de Pepe.


Después de ese día no sucedió nada, nos seguimos hablando como si aquella tarde no hubiera existido. Por mi parte todo seguía igual también, no me importaba que él no mencionara nada sobre aquello pues de cualquier forma nuestra amistad seguía intacta y eso era lo que más importaba, lo quería tanto.
Al terminar la secundaria las cosas no habían cambiado mucho, nos veíamos muy poco pero casi todos los días charlábamos por teléfono, extraño cuando a veces le marcaba para contar mis penas de pubertad (en esa época tenía más discusiones que de costumbre con mi papá), extraño cuando él me contaba sus penas de pubertad.


Me acuerdo tanto de una vez, que lo visité a su casa para salir a pasear en bicicleta, él me prestó la bici de su mamá, y olvidó decirme que no funcionaban los frenos… entonces casi muero por tratar de esquivar un auto que salió de la nada en nuestro camino, jaja tuve una caída horrible pero igual eso no evitó que riéramos durante un buen rato. Extraño cuando jugábamos en su 64, y comíamos frituras como si no hubiera mañana… extrañaré tanto ya no poder leerle mis piña aventuras fantoches que tanto le gustaban, extraño jugar con él a ver a quién le tronaban más fuerte los dedos.

Te presumo que era un excelente director de teatro, muy inteligente y gran amigo 

Aún no entiendo como de la noche a la mañana puede cambiar completamente una vida, o irse…
Esto no es una piña aventura fantoche, ni un caso de mujer de la vida real (o como sea que se llame), es una carta que sentí que quería escribir y me gustaría que ustedes también la lean porque es para alguien bien chido a quien quiero mucho, y porque sí…


Pepe:
Alguna vez tuve miedo de caer en la soledad, miedo de hablar diciendo lo que siento, miedo al amor, tristeza y muerte, miedo de fallar tratando de lograr una meta. Cuando te conocí, tuve miedo de no volverte a ver, pues por alguna extraña razón supe que tú serías la persona que me acompañaría en mis ratos de soledad, que me apoyarías en mis momentos de mal amor y serías un gran apoyo en momentos difíciles. Aunque no sólo me acompañaste en malos ratos de mi vida, sino también me hiciste reír en momentos en que pensé que nunca más volvería a hacerlo, me diste consejos que no encontraría ni en el mejor psicólogo, te ganaste un lugar en mi corazón como para tener el atrevimiento de llamarte hermano, te doy gracias por eso y también porque me aguantaste en ratos en los que te llamaba día con día para desahogar mis tristezas y “penas de pubertad”. Gracias amigo por ser una parte importante de mi vida, te quiero mucho y a pesar de que no soy muy religiosa doy gracias a Dios por haberte conocido.
Te extraño Pepe, sé que tal vez estos últimos meses no estuvimos mucho en contacto, pero quiero que sepas que a pesar del distanciamiento que últimamente tuvimos, mi cariño hacia ti es el mismo que el que sentía en aquellas tardes en las que platicábamos en el parque de la escuela.
En fin, verás que algún día nos encontraremos y habrá todo el tiempo del mundo para seguir riendo sobre cualquier tontería o para que me expliques matemáticas, aunque no creo que se necesite de matemáticas en el lugar donde estás, no por nada es el cielo (: muack! Hasta luego.



PD. No seas pinche y ven por la comida que te dejaré en mi cuarto, pondré una velita para que no te pierdas eh. Te quiero.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

wooooooow
me hiciste llorar, neta ;l
muy bien escrito, btw <3

Óreon dijo...

Tiene ese sentimiento que... Bueno... Me alegra que al pensar en él recuerdes lo bueno que pasó, creo que es lo mejor cuando logramos recordar a alguien que ya no está y sonreir :) no sé si es lo que hiciste, pero a mí me hiciste sonreir, un poco melancólicamente, quizá, pero reí. Espero que así estés también y sé que donde esté sabe que lo sigues queriendo igual o mas que en esos tiempos :]