11 jul 2010

The She...

(De un lado de la acera)
Siempre caminó del otro lado de la acera por temor a cruzarse de frente y sentir su mirada sobre la suya. Moría.


¿Alguna vez, ya sabes, cambiaste de bando?... Quiero decir, ¿alguna vez, te gustó o pensaste que podría gustarte antes de darte cuenta... que no te gustaba, otra mujer?
[Rosas rojas]


De pronto sintió que quería conocer más allá, algo diferente, no se sentía cómoda, no quería ni le importaba sentirse cómoda con un niño.
-Bah, tal vez sean ideas tontas de pubertad…- se decía mientras la observaba pasar cada tarde frente a su casa, sin embargo no podía dejar de preguntarse el nombre de aquella joven que tanto la intrigaba... -¿De dónde viene? ¿Tendrá novio?, tal vez por eso pasa cada tarde a la misma hora, tal vez se quedan de ver siempre en el mismo lugar y a la misma hora… no, si así fuera él la visitaría. Tal vez trabaja, o viene de la escuela, tal vez…
Se cansó de tanta duda y un día la interceptó en su camino a casa…

-Hola
-¿ah?
-Hola, ¿traes la hora?, vives una calles abajo ¿no? Es que quería preguntarte si conoces a Ana (En realidad no conocía a ninguna Ana, pero ese truco nunca falla en las películas)…
-Ah, no conozco a ninguna Ana ¿Por?, y no traigo la hora pero han de ser como las… te me haces conocida, ¿Cómo te llamas?

Si no hubiera sido por aquella pregunta no habría llegado el tema de la escuela, ni los hermanos, ni el novio (que para suerte de ella no tenía en ese momento), no se habrían hecho amigas. Se dio cuenta de que Lau (Así la llamaba), era más agradable de lo que se veía, de que hablaba mucho más de lo que decía. Se dio cuenta que aquellas ideas extrañas que pasaban por su mente antes de conocerse, no eran más que tonterías de pubertad. O tal vez eso quería pensar.
De vez en cuando se visitaban para fumar a escondidas en la azotea. Mientras Lau le mostraba canciones que le gustaría aprender a tocar ella sólo le contaba sobre la escuela, casa, cosas sin importancia (aunque para Lau si parecían serlo), se agradaban, bueno no en el sentido que a ella le gustaría, pero se agradaban...
Después de unas semanas de conocerla llegaron de nuevo aquellas ideas tontas. Sintió que no le agradaba estar con nadie más que con Lau, le agradaba tanto escucharla, tenía miedo pues lo que sentía al mirar sus ojos “no estaba bien”. Se enamoró de su forma de ver la vida, de su forma de no preocuparse por cosas tan sencillas, era alguien libre, extrovertida, divertida, única.
-¿Es que cuándo dejaré de sentir esto?- se preguntó una tarde mientras se resignaba a saber que nunca tendría el valor de decírselo, el miedo a lo que fuera a decir Lau fue más grande que el qué dirán. Mejor dicho: no tenía miedo por lo que fuera decir, esas semanas de conocerla bastaron para darse cuenta que nada importaba más que ser su amiga, aunque se lo dijera las cosas no cambiarían para nada, Lau lo tomaría a broma y después ella seguiría el juego, bueno, eso pensaba ella. Así que, ¿para qué mortificarse?, mejor decidió ignorar esos malos sentimientos que probablemente con el tiempo se irían.



(Del otro lado de la acera.)
Sólo una vez me pasó, bien si a eso le puedes decir enamorarse de una mujer. No sé cómo sea, nunca estuve segura, pero fue bonito mientras duró.
Recuerdo que fue una vez, una de tantas que caminaba rumbo a casa, venía de la escuela y se acercó una niña con mirada perdida que me preguntó la hora, aún no le respondía para cuando me preguntó si conocía a alguien (No recuerdo el nombre, no le di importancia), como sea, estaba aburrida y ella se veía agradable, nerviosa y agradable. Comenzamos a charlar y después de un tiempo de seguirnos viendo nos hicimos amigas. Al parecer a sus papás no les agradaba, pues yo me veía mucho mayor (aunque sólo le llevaba un año) y mi aspecto de niña mala no era bueno para su “bebé”, bah, no me importaba y la visitaba seguido.
Recuerdo cuando le enseñé a fumar, estábamos escuchando música en la azotea de su casa mientras me contaba sobre sus tontos problemas de escuela, siempre era lo mismo y ya me sabía sus historias del día, de todas formas no podía dejar de escucharla… Me causaba gracia escuchar cómo alguien se mortifica la vida con algo tan simple mientras yo tenía broncas más grandes, no me burlaba de ella, es sólo que pensaba: “Dios, cuando esta niña se encuentre con algo hardcore tendré que estar ahí para ayudarla, no sé qué hará sin mi”. Me gustaba sentir que la protegía, me sentía grande y madura a su lado, jaja, aunque yo sólo tuviera 17 y ella 16.
Ah sí, me perdí del tema… terminó de contarme uno de sus problemillas y le dije que necesitaba relajarse un poco, que debería fumar. Ella me miró algo sorprendida, después de unos segundos cambió ese gesto en su rostro y accedió, saqué un cigarrillo de mi bolsa junto con el encendedor… -Sólo colócalo en tu boca, prende y aspira- Y así lo hizo, una bocanada de humo salió mientras la toz la asfixiaba, no pude contener la risa y luego me sentí mal así que la abracé, (no sé por qué lo hice, en otro caso habría reido hasta que se molestara y me diera un golpe o algo así) y en ese momento me di cuenta. Sentir su cabello rozar parte de mi cuello, el olor de aquél perfume, mirar sus ojos tan de cerca, esa mirada perdida y sus labios, sus delgados labios, el lunar de su mejilla… todo, fue tan perfecto, me hizo sentir tan tranquila, sentí que no sólo yo podía cuidar de ella, sentí que además de un abrazo quería unir sus manos con las mías, y lo hice… eran suaves, delgadas, frágiles… No como las de un hombre, ¿sabes?, aunque sus manos no fueran las de un hombre sentí un cariño que una niña debe sentir hacía un niño cuando se enamoran, sí, de esos que dicen la biblia y la sociedad, patrañas, nunca me importó (ni me importa) lo que diga la biblia ni la sociedad pero en el momento me dio miedo, sentí miedo y no sé por qué.
 -Ya deja de llorar tonta- le dije mientras soltaba sus manos y volteaba a otro lado ignorando las 878372342743824 sensaciones que había tenido un instante antes. Ella sólo rió y comenzó a contarme otra de sus historias…




Un día, (de esos raros en los que los padres de ella andaban de buenas y la dejaban salir) fueron a una fiesta, no con la intención de bailar o conocer chicos, querían embriagarse, olvidar sus penas de adolescencia, sentirse grandes.



-Vamos al baño
-Vamos, ¿te espero afuera?
-No, entra conmigo.



Y bueno, ¿qué de malo tenía? Fueron al baño... Antes de que cerrara la puerta por completo, Lau se acerco a ella y le dio un beso, terminó de cerrar la puerta mientras seguía besándola, tomó sus manos, besó el lunar en su mejilla, besó su frente, besó sus manos y después se miraron sonriendo, sobraba incluso la sonrisa ya que son sólo mirarse, una sabia lo que los ojos de la otra decían… Antes de que pudiera besarla de nuevo, alguien tocó la puerta gritando – ¡Eh! ¡Dejen de follar que quiero mear! – Salieron entre risas a causa de la ironía…
Como si nada hubiera pasado, quedaron al día siguiente de salir al parque cerca de casa…
Lau hablaba sobre cualquier cosa que no se relacionara con la noche anterior, pero esta vez la incertidumbre de ella fue más grande y no pudo callar…
-Oye, quería preguntar de lo de ayer…
-Jaja, calla, fue tan gracioso, no le digas a nadie. Cosas del alcohol… ah sí, te decía y luego…

¿Cosas del alcohol?, bueno, ella no estaba conforme con la respuesta pero al menos había comprobado su teoría, lo tomó de broma aunque no le diera tiempo de seguir el juego, aunque no le diera tiempo de decir que para ella no eran cosas del alcohol, que en verdad sentía algo, no sabía qué era, pero sentía algo que no la dejaba tranquila, una necesidad de recordar a cada instante sus manos junto a las suyas.


 Traspasé mis límites una noche cuando estábamos en una fiesta, se veía tan linda y bueno, extrañé aquel abrazo. Le dije que me acompañara al baño y no pude evitar besarla. Gracias a Dios tocaron la puerta antes de que hiciera algo más estúpido, recordaba aquel día y sólo esperaba que no se hubiera dado cuenta de que no estaba ebria. Al día siguiente preguntó sobre eso, bueno, no lo hizo pero logré evadir sus reproches antes de que dijera algo, tenía miedo.
Después de unos días, conocí a un chavo, era lindo y me atraía, así que decidí salir con él. Cuando le conté a ella sobre mi novio sólo dijo que estaba bien, y me cambió el tema. Me hizo sentir mal que sólo dijera eso, pensé que diría otra cosa, esperaba que me hiciera preguntas sobre él o qué sé yo, ¡cosas que las amigas se cuentan!
Dejamos de vernos tan seguido, salía más con mi novio y pues la verdad no la pasaba mal pero no podía dejar de extrañarla, necesitaba saber de ella.
Hasta que un día sucedió, nunca pensé que me pasaría, es decir… un embarazo es posible, pero a mí no, no podía, no quería, no debía estar embarazada. Él era/es responsable y no me preocupaba tanto lo que dijera mamá, siempre le ha dado igual mi vida. Bien, tal vez por algo pasan las cosas, tal vez eso me busqué por tratar de sacar un clavo con otro. Demonios. Hablé con mis papás del embarazo, hablé con él, con mis amigas de la escuela, sólo faltaba ella y me aterraba tanto o más como me aterró decírselo a mis papás…

Mientras los niños jugaban en una tarde nublada, e l l a s se vieron en el parque cerca de casa, debajo de un gran árbol alejado de los niños, del ruido, incluso de la soledad... Lau había hablado con ella antes por teléfono para darle una noticia, no había más qué decir, sólo necesitaba verla. Mientras sus manos temblaban por no saber qué decir, se miraban pensando en lo difícil que sería el no poder volver a contemplar sus ojos de aquella manera. Ella rompió el silencio y con la voz entrecortada logró decir –Te quiero-
Sin decir nada Lau se acercó y le dio un beso en la frente, dio vuelta y tomó camino a casa.
Ella se quedó sola, y tranquila pues así podría derramar aquellas lágrimas que desde que recibió la noticia quiso dejar caer.
Se quedó sola, y tranquila pues al menos se dio cuenta de que por algo suceden las cosas y tal vez no estaba tan bien lo que sentía, tal vez en verdad sólo era algo de pubertad por lo que todos tenemos que pasar. Da igual, hoy sólo queda el recuerdo del cariño que en el momento sintió.



Ella se quedo sola, sentada debajo del gran árbol que fue el único testigo de aquella triste despedida.

1 comentario:

Óreon dijo...

Pobrecita u_u y eso que si le correspondía...