No podía seguir más a su lado, no me explicaba cómo en ese mismo instante habían desaparecido aquellos sentimientos que él despertaba en mí cada que lo veía, cada que lo pensaba… Tenía tres meses sin verlo, tres meses que fueron una eternidad de espera, tres meses de comunicación a través de cartas clandestinas que llegaban a mí a través de su mamá, yo no podía visitarlo, se supone que las visitas para ese tipo de personas en “rehabilitación” sólo eran de tipo familiar, así que no había otra manera de decirle cuánto lo extrañaba más que por textos clandestinos que su mamá hacía llegar…
“Te extraño, espero que mi mamá me saque para Diciembre… quiero decirte que te quiero mucho y estoy bien dentro de lo que cabe. Échale muchas ganas y pórtate bien en casita. Me preocupas, quiero saber de ti. Perdóname por hacerte pasar esto, tú no tienes la culpa… “
En lo personal nunca me molestó que fumara marihuana, desde que lo conocí sabía sobre eso y a pesar de todo comencé a quererlo, él prefería no fumar en mi presencia, aunque a veces que nos veíamos ya estaba bajo el efecto que la droga produce. De cualquier manera siempre disfrutaba estar a su lado, aprendí tantas cosas, y entre charlas siempre me daba consejos buenos (acompañados de un mal ejemplo): “hazle caso a tus papás para que te dejen salir más” (mientras él discutía todos los días con su mamá porque cada nunca estaba en casa), “pues si tienes mucha tarea nos vemos otro día, no te preocupes, la escuela es importante” (me decía, aún sabiendo que él ya había dejado la escuela años atrás)… cosas como esas, me hacían pensar que de verdad quería algo bueno para mí, sin importar que no lo incluyera. Nos veíamos a escondidas pues todos sabían sobre su “peculiar hábito” y a mis papás no les agradaba para nada.
“…no te imaginas cuánto te quiero, espero que mi mamá me dé la oportunidad de demostrarles que puedo salir adelante sin tener que estar aquí. Recuerdo el último día que nos vimos en la deportiva, cuando te dije que ya no iba a fumar nada!, y de verdad que lo dije de corazón y lo voy a cumplir, me duele mucho que al día siguiente me trajeron para acá, no lo esperaba, enserio que todo esto me ha hecho darme cuenta de dos, tres cosas que me lastiman demasiado…”
Gracias a él me llamó la atención comenzar a patinar, recuerdo cuando compré una patineta y él me ayudó a sacar mi primer ollie, sentí que me había enamorado a pesar de que ya lo estaba. Me encantaba salir a dar paseos por las calles en nuestras patinetas, era divertido incluso caerse, me encantaba sentarme a su lado y mirar la luna mientras hablábamos de cómo sería nuestra vida de grandes, nuestra vida juntos. Recuerdo el día que fui a su casa para salir a pasear, estaba un poco molesta porque no me había buscado en días pero necesitaba verlo… entonces fue cuando me di cuenta de que desde hace días lo habían internado en un centro de rehabilitación… entre lágrimas su mamá logró convencerme de que sería lo mejor para él. Yo no tenía opción ni estaba en posición de opinar, no era yo la que discutía a diario con él sobre su actitud rebelde.
“… me acaban de hablar para darme mis tenis, eso me hace sentir un poco mejor. Cuídate y no olvides que te quiero mucho, te mando besos y abrazos… ah y saludos a nuestros lunares! Te quiero!”
No sé como funcionen las cosas en esos lugares, pensé que sería más largo el tiempo de espera, sin embargo su mamá decidió darle la oportunidad y él salió del centro antes de tiempo. Me llené de alegría al saber que lo vería antes de lo esperado.
Recuerdo ese día, se veía tan diferente y su cabello era tan corto. Sus abrazos eran diferentes también, su forma de hablar, no lo sentía igual… no sabía qué ocurría sin embargo estaba feliz.
Después de varias semanas de vernos, comencé a sentirme incómoda con algunos cambios de él, no es que me molestaran, es sólo que no sentía que estaba con la misma persona que hace algunos meses y era tan extraño. Luego me di cuenta de lo que ocurría: me aburrían sus pláticas, ya no era la misma persona, no tenía el mismo espíritu aventurero que antes, tenía miedos (créeme, miedo es una palabra que ni siquiera existía en su vocabulario)…
Fue difícil tomar la decisión de terminar con esa relación, 9 meses no son tan fáciles de tirar al olvido así como así, pero si no lo hacía me seguiría lastimando con recuerdos de una relación que meses atrás me hacía sentir viva… tal vez era yo la que había cambiado, tal vez ni siquiera sabía (o sé) qué es lo que quería , sin embargo no podía seguir con aquella farsa. Y aunque no lo crea, me dolió más que a él dar fin a algo que para ambos meses atrás sería el inicio de un cuento de hadas.
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