Yo era una puta, y como a muchas de esas putas ridículas de hoy en día me
enorgullecía hacerle saber al mundo que era una puta. Pero era triste. Yo era
una puta que cogían sin cobrar, y aunque no tengo el cuerpo de una Diosa
siempre fui una puta bonita, pero no tan bonita como Julia Roberts en mujer
bonita. Era triste, yo era una puta triste pero no como las de García Márquez,
nunca.
Ahora no soy nada, sólo feliz. ¿Qué más puedo pedir?
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